domingo, 22 de mayo de 2022

Hablemos sobre: LOS MOVIMIENTOS DE MUJERES Y LAS TRANSICIONES DEMOCRÁTICAS EN AMÉRICA LATINA

 Latinoamérica como en todas partes del mundo, ha sido el escenario de múltiples acontecimientos en los campos básicos, sobre todo en política y sociedad. Pero ciertamente hasta años recientes hubo por primera vez la incursión de mujeres en la participación y toma de decisiones en la vida publica de las naciones latinoamericanas, ya que como bien se sabe, esta labor siempre estuvo bajo la batuta de los hombres. La movilización política de las mujeres ha tenido una larga historia en América Latina. Desde las guerras de independencia libradas contra España a principios del siglo XIX hasta las guerras de guerrillas de las décadas de 1960-1970, las mujeres han estado activas en movimientos políticos amplios. 

 La historia del feminismo latinoamericano se remonta por lo menos un siglo a las campañas sufragistas de las mujeres. Al igual que en los Estados Unidos, el movimiento sufragista fue liderado por mujeres de clase alta y media alta y produjo una agenda reformista en vez de una guerra social, radical. El derecho al voto fue concedido a las mujeres sobre bases que tenían poca relación con los ideales feministas. Por ejemplo, en el Ecuador, país conocido por su pobreza y relaciones sociales cuasi-feudales y no por su tradición democrática liberal o su avanzada legislación, a las mujeres se les concedió este derecho en 1929. Brasil, Uruguay y Cuba hicieron lo mismo a principios de los años treinta. Argentina y Chile, países que figuraban entre aquéllos que contaban con los ingresos. El conocimiento sobre la práctica de la violencia contra las mujeres en las cárceles hizo que fuese aceptable hablar sobre la violencia contra la mujer en la casa y en la calle. Estas experiencias le proporcionaron a la teoría feminista latinoamericana una situación única desde la cual analizar los limites entre lo público y lo privado, para debatir acerca de cómo los grupos de mujeres pueden "hacer política" para lograr el cambio social en un contexto democrático y reestructurar las imágenes políticas e inclusive el lenguaje mismo de la política. El trato dado a las prisioneras políticas (el cual frecuentemente incluía la violación y otras formas de abuso sexual), la cínica manipulación de los lazos familiares para acrecentar la eficacia de la tortura, la ruptura de las familias y la distribución de los hijos de los "desaparecidos" pusieron de manifiesto la hipocresía tras la glorificación de la maternidad e hizo imposible evadir el tema de la sexualidad de las mujeres.

 Como respuesta al declive económico, las mujeres urbanas pobres se vieron obligadas a depender de sus propios recursos para asegurar la supervivencia de sus familias. La formación de cocinas comunales y  comités de barrio para la nutrición infantil y la atención básica en salud despertó el interés de varios grupos con distintos objetivos políticos, incluyendo a los partidos políticos, la Iglesia, las fundaciones internacionales y las agencias de cooperación. Aunque la participación de las mujeres en las organizaciones de barrio no es algo nuevo, el nivel de coordinación entre los grupos locales, la formación de "federaciones" de grupos con intereses similares y la vinculación de los grupos de barrio a las otras ramas del movimiento de mujeres ubicaron a esta nueva fase de la organización comunitaria en un contexto nuevo y más poderoso. La coincidencia entre las transiciones políticas hacia la democracia y el crecimiento de las organizaciones comunitarias entre las mujeres urbanas pobres dio a estas organizaciones un contexto más amplio en el cual trabajar, metas más ambiciosas, nuevos recursos políticos y una prueba del poder nacional.

 La ausencia de correlaciones entre los indicadores económicos y educativos y el voto de las mujeres se debió en parte a la creencia ampliamente difundida de que las mujeres votarían por el statu quo y no por el cambio y que el voto femenino sería controlado por la Iglesia católica conservadora. Irónicamente, los conservadores fueron quienes otorgaron la ciudadanía a las mujeres en Chile, Brasil y Perú, con la intención explícita de utilizar el voto femenino para contrarrestar el creciente radicalismo político de un electorado masculino cada vez más movilizado.

 La combinación de tres patrones de movilización de las mujeres le ha dado al "movimiento de mujeres" un papel reconocido en las transiciones democráticas: los grupos de los derechos humanos de las mujeres, los grupos feministas y las organizaciones de mujeres pobres urbanas. Cada una de estas ramas del movimiento de mujeres tuvo orígenes y metas diferentes; la oportunidad e inclusive la necesidad de cooperación surgieron de las demandas planteadas por el mismo proceso de transición.

El concepto de "vida cotidiana" ha contribuido a abrir el diálogo entre las feministas y las mujeres de los sectores populares. Aunque existen obvias diferencias de clase, las mujeres comparten en forma universal las realidades concretas de alimentar, albergar y cuidar a sus hijos. Experimentan una matriz doméstica similar constituida por interacciones masculinas /femeninas, con dimensiones emocionales y materiales.


Referencias:


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